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10 nov 2011

El fin de semana pasado...

...desperté a mi Ama llevándole el desayuno a la cama totalmente desnudo. Esperé junto a sus pies mientras desayunaba para después de terminar llevarla al cielo con mi lengua.
La vestí y la desvesti todo el fin de semana, también antes y después de sus duchas, donde esperaba hasta que terminara pacientemente para secarla. Tras la ducha, con mis manos hidrataba con crema todo su cuerpo.
Masajes en los pies tampoco faltaron, ni veneración postrándome de rodillas. En un fin de semana de frio y lluvia, mantener sus pies calientes fue cuestión primordial.



Por la noche, una cena romántica con buen queso, jamón y vino blanco, todo para ella.




Un fin de semana donde ella se sintió como la reina que es.
Lo único que deseo, es que a partir de ahora me exija ser su entregado sirviente más a menudo. :)

15 jul 2011

Al límite

A mi ama le encanta tenerme al límite. Le encanta que después de haberle propiciado el placer que le corresponde me entregue a ella deseando cada centímetro de su piel con una excitación casi infinita.
Pero claro, tras todo el juego a ella en ocasiones le apetece sexo con penetración con el que acabar felizmente la velada, algo que yo ya en ese estado difícilmente le puedo proporcionar. Y bueno... ella está en su derecho de querer follar si le apetece.

Por tanto, estoy en disposición de buscar algo con que suplantar a mi pene en esos momentos...

Una opción realmente llamativa es la de los dildos huecos, que además de cumplir el cometido de proporcionarle sexo a mi señora, tiene el plus humillante de estar penetrando con mi miembro prácticamente sin recibir placer. Todo para Ella.
El inconveniente es que la función que en teoría tienen es la de alargar el tamaño del pene sin limitar del todo el placer a su portador.

¿Qué pensáis? ¿Conocéis alguno adecuado? ;)

29 jun 2011

Natural

Hay días donde sucede de forma tan natural... sin artificios sin palabras, la puerta se cierra e inmediatamente ambos lo sabéis, no es momento de ponerse a follar y ya está, no es momento de descansar, no
es momento de encender tele o el ordenador.


Desde que la puerta se cerró fue momento de ser adorada, de ser obedecida y cuidada. Fue momento de someter y de desear, de disfrutar. Porque algo en ese día, lo que fuera, hizo que estuvieras deseando que llegara el momento de cerrar la puerta. Y, por supuesto fue un momento largo, intenso y tremendamente divertido.

Antes de que la puerta se volverse a abrir, ya habían volado las ordenes y los ruegos, los orgasmos y... bueno, sobre todo MIS orgasmos.

Como debe ser.

7 jun 2011

Low Battery

Hay días en los que te sientes repleta y llena de energía. Días en los que lo que más te apetece es ser reina y dueña de la cama. Y toda esa energía la descargas en él, le sometes y dominas como si el alma te fuera en ello, y si tienes que darle, lo harás con fuerza, con autoridad. Esos días eres su diosa, su reina del sexo, su dueña y él es tu rendido y sumiso esclavo.


Hay otros días, en los que las energías las has perdido por el camino, y cuando llegas a la cama; todo lo que deseas es dejar que te mimen y te conforten. Días en los que dejas que sea él quien se desviva en cuidados hacia ti. Esos días eres su amada, su princesa, su niña y él es tu entregado y atento sirviente.

1 jun 2011

Esos días de playa...

Ojalá lleguen pronto.



Días de masajes con la excusa de proteger la piel...

Días de lucir y admirar cuerpos casi desnudos al sol...


Días de "Anda, ve y cómprame un helado" 

Días para disfrutar, al fin y al cabo.

10 may 2011

Cayó la noche.

Cayo la noche,
y con ella, tú.
Bajo mis pies.

Salió la luna
y con ella, yo.
Hasta el cielo.

Caíste al suelo
y contigo, si;
cayó mi ropa.

Até tus manos,
y junto a ellas
también tu alma.

Con la cortina
se cerró también
cualquier vergüenza.

Y ahora eres mío
y por completo
eres mi siervo,
y mi juguete.
eres mi amante,
y eres mi esclavo.

Y ahora tu cuerpo
es solo un lienzo,
mis arañazos,
todo lo cubren.
que mis caricias...
luego los curen.

5 abr 2011

Imagenes que me encantan (I)

Este tipo de imagen me fascina.
Naturales, afables, sencillas.
Ella... vestida como cualquier día, hermosa, sugerente, disfrutando de la situación y de su sumiso.
Él... medio desnudo, entregado, a sus pies.




En unos días, como continuación de esta entrada colgaré otra, que es también de mis favoritas, exactamente por las mismas razones.

3 abr 2011

Mi Ama

Mi Ama es natural, sencilla y sensata. Es bondadosa, con un corazón que no le cabe en el pecho y tremendamente tierna.
Ella, Ama, es realmente inteligente, y así lo atestigua la carrera que estudia.
Apasionada de la lectura como pocos, lo que incrementa su nivel cultural a un lugar que la mayoría solo puede desear.
Escucharla es siempre un placer.
Es alegre, divertida y le encantan los placeres de la vida.
Es hermosa de pies a cabeza. Unos pies preciosos, unos muslos a los que siempre deseo agarrarme y no soltar nunca más, un trasero no muy voluptuoso pero con buenas curvas, unos pechos pequeños pero con el tamaño justo, firmes y bonitos y unos ojos marrones donde para mi es imposible no perderse.
Su habilidad en la cama no puede ser de este mundo. Saborea cada actividad, cada galope, cada movimiento. Es su terreno, parece que ha sido creada únicamente para gozar y recibir placer.



Ama comparte muchísimas cosas conmigo, la mayoría. Y en las pequeñas cosas que somos diferentes nos complementamos para hacer de nosotros una unión indivisible de la fortaleza de un bastión. Si yo soy un poco tímido, ella es más decidida. Si ella es un poco más impulsiva, yo mantengo la calma. Si ella desea tener poder... yo deseo dárselo. Es cierto que aunque ella afirma que es impulsiva, créanme, la mayoría de las veces se piensa muy muy bien lo que debe hacer.
Por otro lado compartimos algo único. Ambos tenemos una cara alegre, fiestera y a veces incluso plana y simple, y por otro lado una versión más bohemia, más oscura, profunda a rabiar. Las mismas caras en la misma medida. Muy racionales y conservadores, pero por otro lado, internamente, también liberales y alternativos.

Entonces con todo esto... es absurdo dudar sobre mi función.
Ama para mí es perfecta, una persona única e irrepetible, lo cual la eleva a nivel de Diosa... ¿cómo no iba a entregarme a ella y a todos sus caprichos?

Nada deseo más en el mundo que hacerla feliz y darle todo lo que pida, más allá de que me ponga más o menos la situación, simplemente... se lo merece.

A sus pies, mi Ama.

1 abr 2011

Viernes de relato.

Los viernes son unos días fantásticos, termina la semana. Son días de relax y de planear el fin de semana. De llegar agotada y sentarse a disfrutar de tu pareja. Hoy os regalo uno de esos pequeños relatos que de vez en cuando Sumiso se encuentra en su e-mail. De hecho, éste es, hasta el momento, mi favorito de entre los que he escrito. No se porqué. Disfrutadlo.


PD: Tratamos de que este sea un blog de entradas breves, de lectura rápida y cómoda, pero un relato dura lo que debe durar.
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-Vamos, recítamela.
- Mi ama...
- No me repliques, recítala, claro y despacito, que te oiga bien.

Él la recitó, era una lista con casi 20 puntos. La lista que daba forma y sentido a la especial relación que compartían ambos, una lista en la que se definía que ella ostentaba todo el poder y la autoridad de la relación, mientras que él se sometía a sus órdenes y mandato. Uno de esos puntos, le obligaba a memorizar dicha lista y a recitarla cuando ella lo solicitara. Ella cerró los ojos, paladeando cada palabra. Disfrutando del poder de tenerle frente a ella, arrodillado, con la mirada baja, y describiendo de cuantas formas quedaba su persona al mando de su grandísima Diosa, su Ama, su Señora. No cometió ni un solo error, no se olvidó de una sola palabra. Ella estaba gozosa, disfrutando. Sintió deseos de poseerlo en ese mismo instante, pero se contuvo, la noche acababa de empezar.

- Perfecto, hasta la última coma. Bien hecho sumiso...
-Muchas gracias mi ama, siempre a sus pies ama.

Ella le atrajo, mientras le pasaba las afiladas uñas por su espalda, causando un delicioso estremecimiento en su piel le susurró con voz seductora.

-Ahora vas a ponerte bien guapo y vamos a salir, quiero que me invites a cenar, pero yo voy a elegir qué tomarás.
-Sí mi ama.

Se acercó a su armario y escogió para él unos vaqueros elegantes, una chaqueta de piel y una camisa negra, su favorita, quería que su esclavo estuviese especialmente sexy esa noche.

-Ponte esto, con los zapatos nuevos. Y arréglate bien.

Mientras él iba a planchar su ropa, ella se enfundó en un sexy vestido rojo y negro, que dejaba bien a la vista su escote, y se calzó unos altos tacones. Bajo él, llevaba un atrevido conjunto de lencería y unas medias negras. Preparada para matar. Cuando él volvió a la habitación, inmediatamente y por su propia voluntad dejó la ropa sobre la cama, se arrodilló a sus pies y la besó en los zapatos.

- Mi Señora. Está usted preciosa, bellísima.
-Pues espera a que termine de arreglarme... Vamos, sigue con lo tuyo.

Él se levantó y comenzó a vestirse, pero inmediatamente ella le sujetó con fuerza por la barbilla.

-Te he dado una orden. ¿Qué debías responder?
- Si mi ama, lo siento mucho mi ama.

Ella le dió una suave bofetada, pero sonrió divertida.
-Mejor.

Le soltó. Se soltó el pelo, se arregló los rizos y se puso un discreto pero correcto maquillaje. Para cuando ella había acabado él ya la estaba esperando.

-Aquí tengo su abrigo mi señora.

Ella le besó.

Fueron al restaurante. Cenaron, cuando llegó el camarero, ella pidió con naturalidad, con soltura, de forma totalmente casual la comida de los dos, aunque él no supo qué iba a tomar hasta que ella lo dijo. Nadie en el restaurante podía notarlo, pero el que ella hubiera decidido por él había creado inmediatamente un autentico clima de tensión sexual en esa mesa. Tomaron el vino, cenaron, rieron. Disfrutaban mucho juntos, se amaban con una locura desenfrenada, y nadie conocía los secretos que se ocultaban en su dormitorio.

Él pagó la cuenta de ambos. Hacía ya tiempo que habían incluido en su lista apartados que especificaban el control que ella tenía sobre su dinero. Volvieron juntos a casa, tomados de la mano, charlando de temas variados, se besaron con cariño varias veces. Estaban excitados por el vino y la cena. Y al abrir la puerta de casa, se desató la pasión.

Ella le besó, con fuerza, sujetándole del pelo. Le obligó a arrodillarse y cuando él hizo un amago de tocarle el trasero le dio una cachetada. Suave pero enérgica, como siempre, pues no eran para causar dolor sino para reforzar su autoridad como ama y dueña de su esclavo. Subió un tacón hasta su pecho, y empujó con firmeza hasta que él estuvo tumbado sobre el suelo. Se situó sobre él, con ambos tacones a los lados de su cabeza, de forma que él podía ver perfectamente bajo su vestido. Ella estaba pletórica, triunfante, se sentía la dueña del mundo y cada vez estaba más caliente...

-¿Sabes quien eres?
-Soy tu sumiso señora, tu humilde esclavo y siervo y sólo vivo para adorarte.

Ella deslizó el tacón por su pecho, bajando hasta tenerlo firmemente apoyado en su entrepierna.

-Eso es, soy una diosa y tu eres mi siervo, y esta noche, quiero que me honres.
-Todo lo que mi señora desee.

Se sentó sobre la cama y le ordenó que la descalzara, una vez tuvo descalzo el primer pie, trató de impedir que pudiera quitarle el otro golpeando con el pie enfundado en la media en su cara, dejando claro quien era la dómina en aquel juego. El le besó los pies ya descalzos. Ella se bajó las medias para permitir que pudiera acariciar y besar sus pies desnudos que él adoraba tanto. Ella le apartó, se acercó hasta el cajón y extrajo de él un pequeño collar con correa. Se lo colocó, el estaba ya muy excitado y parecía que la cremallera de sus vaqueros iba a estallarle.

- Quiero a mi esclavo desnudo. Ahora.

-El se desnudó rápidamente. Se arródilló y la miró a los ojos. Se llevó un bofetón.

-¡Baja la vista, siervo!

El obedeció, ella gozaba viendo su obediencia. Aquella obediencia que le resultaba tan natural, ¿Cómo no iba a dársela? Ella era su ama, estaban allí para eso. Pasó las uñas por su pelo y le apretó la cabeza contra su ingle, él pudo oler, a través de la ropa la excitación de ella, lo que aún le puso más cachondo. Ella tiró de la correa y le hizo ponerse de pie, con la mirada suya aún hacia el suelo, ella le rodeó, y le mordisqueó en el cuello.

-Vas a tener el privilegio de gozar con tu ama. ¿Estas contento?
-Su placer es mi placer ama, solo el suyo importa.

- Le tumbó sobre la cama. Se despojó del vestido y de la ropa interior. Después se sentó sobre el rostro de él, de forma que sus labios y su lengua rozaban el ano de ella. Él sabía lo que ella quería y se perdió en aquel glorioso agujero. Ella disfrutó enormemente de sus labios y su lengua explorando su culito. Sus pies rozaban su pene, aumentando hasta el infinito el placer de él. Cuando ella se cansó, se levantó y se puso de pie, apoyando uno de sus pies sobre su mejilla. Ejerciendo presión contra la cama. Se inclinó sobre él.

-¿Te ha gustado?
-Su culito es mi cielo ama, nada deseo más.

Ella sonrió, se dejó caer de nuevo, con sus rodillas a los lados de la cara de él. Permitiéndole ver con todo lujo de detalles su húmeda entrepierna.

¿Estás seguro, sumiso?

31 mar 2011

A sus pies

Escrito hace un mes, inspirado en una entrada en el blog de ‘clandestinada’ por esas fechas. Espero que no se moleste por el primer párrafo. ;)

Hay mucho que lamer, que besar, que oler, que ansiar, por delante y por detrás, pero conviene recordar lo que se encuentra más abajo de sus tobillos, donde se sustenta su maravilloso cuerpo. Allí… besos calientes, dedo a dedo, poro a poro... Allí, abajo, se siente el verdadero placer de este juego, cada minuto más real: El placer de entregarse en cuerpo y alma a la amada.

Ahí es donde la charlatanería de la fantasía se convierte en demostración física y explícita. Convertir esa fantasía en el hecho de reconocer que no hay más placer que su placer ni más caprichos que sus caprichos. Ignorar tu cuerpo y tratar desesperadamente de adivinar sus movimientos para estar juntos a ellos… porque no hay vida más que la suya.

No lo haces por morbo, tampoco por fetichismo, es simplemente por el hecho de recordarle a tu ser idolatrado que te entregas a ella, que estás ahí para lo que desee. Porque para que el placer sea completo deseas hacerle sentir que eso que se mueve siempre por debajo de sus hombros está a su servicio, es de su propiedad. Caricia a caricia, beso a beso, quieres decir…

“Aquí estoy y a ti me entrego”.