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3 sept 2012

Microrrelato (II). Las visitantes

Continuación de 'La visitante'.

5 años después la situación había cambiado por completo. Mi preocupación ya no era adivinar cuál de sus amigas era la que se sentaba sobre mi rostro, sino si aún quedaba alguna chica de nuestro entorno cercano de la que no hubiera catado alguna vez el sabor de sus pies o de su ano. Inigualable la sensación de saludar a una amiga con dos tímidos besos de cortesía sabiendo que seguramente esa mujer ya se habría corrido en mi boca.
Notar cómo aún me ruborizaba tras un comentario caliente de mi novia en presencia de una compañera suya de trabajo, cuando quizás esa era la que había acabado orinando sobre mí tras descubrir por primera vez el placer que le daba mi lengua.
También absurdo, pero apasionante sentir vergüenza al hacer algún comentario en alguna cena con su grupo de amigas, cuando quizás ese mismo grupo fue el que me tuvo atado desnudo durante horas en nuestras enigmáticas reuniones.

Curiosamente, la venda sobre mis ojos se había convertido en mi 'instrumento sexual' predilecto.

1 sept 2012

Microrrelato (I). La última vez

Aunque su devoción por ella era incalculable él se mostraba mucho más cariñoso, atento y entregado con ese plus que sumaba la excitación acumulada de varios días de castidad.
No sólo era la situación ideal para ella, sino también para él, que le encantaba poder sentir por su ama esa veneración casi religiosa.

Su problema estaba en la penetración ya que no sólo esta situación de castidad le limitaba en número sino en calidad, ya que tras días de excitación acumulada su rendimiento en la cama rozaba lo lamentable. Por ello, llegaron al acuerdo de que a partir de ese momento, de la penetración se encargarían otros machos más aptos en la práctica del coito.
Y en ese momento, justo al sellar el pacto, ella agarró su pene y lo introdujo dentro de ella, notando como instantáneamente su sumiso llegaba a su precoz orgasmo disfrutando más que nunca al saber que esa sería la última vez que estaría dentro de ella.

25 ago 2012

Relato erótico: La visitante

Ya se había convertido en costumbre. Era domingo por la tarde y mi Ama me tenía atado y vendado sobre la alfombra del salón. Previamente había estado a sus pies escuchando cómo se masturbaba, sintiendo esos pequeños deliciosos temblores que recorren sus piernas hasta la punta de sus dedos cuando su clítoris le proporciona tan inmenso placer. En ese momento simplemente descansaba, con sus pies tranquilos sobre mi cara mientras visualizaba su serie favorita.

Y como cada semana a la misma hora tocaron a la puerta... Sin decir nada mi Ama se levantó y dio paso como siempre a la invitada. Poco segundos después, sin oír ni media palabra, ya notaba esa diferente fragancia. Unos pies en mi cara con un aroma un poco más fuerte que los de mi Ama, deliciosamente cálidos e incluso algo húmedos producto de, posiblemente, un largo paseo. Esta semana, al contrario que todas las anteriores, la enigmática visitante no sólo se conformó con el corriente paseo de mi lengua entre sus dedos, su planta y su talón, sino que ya cuando esperaba su silenciosa huida noté inesperadamente como la esencia de su entrepierna se acercaba a mi rostro. Saqué mi lengua dispuesto a encontrarme con un nuevo sabor, tropezando inmediatamente con el entorno de su ano. Entonces sí, después de un ligero gemido, se levantó y se marchó, dejándome con ganas de que en otra visita fuera su vagina lo que me dispusiera para por primera vez poder sentir cómo otro cuerpo llegaría al orgasmo tras mi boca.
Pero no, eso sería quizás en otra ocasión. Solo quizás.

 El jueves por la noche, como de costumbre vendrían todas sus amigas a cenar a casa. Y de nuevo, pasaría todo el convite con esa duda rondando mi cabeza, ignorando, cuál de todas ellas, cuál de ese grupo de amigas sabía de mi sumisión y de nuestros juegos. Buscando entre ellas una sonrisa cómplice que me hiciera intuir qué pies de los presentes se habían acostumbrado a estar cada tarde de domingo en mi boca.

17 ago 2012

¡Ladrones!

Si el día anterior hubiera podido verse no se hubiera reconocido a si misma. Con un chispazo que la recorría desde la muñeca hasta el centro de su espalda, el cosquilleo que sentía en la mano después de cada bofetada la llenaba de una satisfacción insospechada. Cuanto más descargaba su furia contra aquel intruso más disfrutaba y más excitada se sentía. Vivía sola y siempre guardaba un arma en casa para protegerse, quién iba a sospechar que esa misma noche la utilizaría para amenazar y reducir a un ladronzuelo nocturno. 

Atado fuertemente a una silla, el asaltante resistía sus ataques en silencio mirando constantemente a sus pies, sin levantar la vista. Su rostro estaba ya totalmente enrojecido, incluso amoratado. Pero se limitaba a tirar de sus ataduras cada vez que ella lo golpeaba de nuevo.

Embriagada de poder y calentura, terminó por cortar sus ropas y arrancárselas por completo. Quería humillarle, destrozarle, vengarse lo más posible del susto que le había dado allanando su casa, pero para su sorpresa, lo que presenció al terminar fue una gran erección...

 Fue entonces cuando acabó de abalanzarse sobre él, le folló, se masturbó, tuvo varios orgasmos, le escupió, le insultó y humilló de una y mil maneras durante toda la noche.

Sólo cuando ella se retiraba a dormir, él, atado como estaba se decidió a hablar...


-Por favor, Más. Por favor...

25 jul 2012

Sueños eróticos

No sería la primera vez que transformo el sueño que tuve la noche anterior en un relato... ¿Cómo sería si quedara grabado tal y como sucede?


El sonido de una puerta al cerrarse.
El tacto de un albornoz abandonando tu cuerpo.
La visión de un hombre atado a un sillón.
El olor a cuero que desprende tu lencería.
La firmeza de su miembro erecto entre los dedos.
El escozor en la palma de la mano que produce una bofetada.
La sensación de excitación, deseo, control, placer.
El sonido de una respiración que se acelera, ¿La tuya? ¿La suya?
La certeza de que llegarás al éxtasis, al orgasmo y mucho más allá.
El estruendo de un sillón volcado hacia atrás.
El grito contenido de la mezcla entre el miedo y la lujuria.
El cosquilleo de sus labios y su lengua recorriendo los dedos de tus pies.
El escalofrío que recorre por completo tu espalda, tus muslos, tu vientre.
El restallar de un látigo y de una súplica "Más fuerte por favor, Ama"
El sonido de tu propia risa. Un látigo cae al suelo.
El sabor a sal de su piel entre tus labios, tus dientes.
El gusto ferroso y salado de la sangre.


Una idea. "Esta noche te daré lo contrario de lo que pidas"

Feliz 24/07

29 jun 2012

Cuarteto asimétrico


Me he imaginado conocer a una pareja de nuestra misma edad e intereses, que con el paso del tiempo nos permita llegar a unos niveles de complicidad de cierta entidad.
Esa complicidad, que se convierta en atracción y podamos, al final, sin pudor, compartir experiencias de cama.
Dar el paso y convenir tener un intercambio de pareja. Él con mi Ama y yo con su novia. Sin muchas normas, ni condiciones, unos en una habitación y otros en otra.
Que mi ama me diga que tiene ganas y que se va poner las botas y que yo también aproveche. Mientras, ella me cierre el cinturón de castidad y se cuelgue la llave de su lindo cuello.

Empieza el espectáculo. Ella en la habitación contigua galopa y jadea como nunca con su nuevo compañero.
Mi nueva amiga y yo, ambos con nuestros cinturones de castidad, desnudos y excitados como nunca disfrutamos también como locos, pero en este caso de nuestro insatisfacible loco deseo mutuo y de nuestra coartada libertad.

8 nov 2011

Perfume de rosas.

(Tenía pendiente la otra mitad del juego de las 5 palabras ¿Recordáis?)
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El ambiente era cálido y agradable, debía de estar puesta la calefacción a tope. Las luces estaban bajas y en el aire destacaba el suave perfume de las rosas. La mesa estaba preparada para una cena romántica, y de la cocina se escapó el tintineo que provocaba su enamorado de esa noche, imaginó que cocinaba. No imaginaba que se habría tomado tantas molestias cuando la solicitó, y saboreó la dulce ironía del momento. Tomó una de las rosas, mientras esperaba la desgranó, pétalo a pétalo. Todo aquel despliegue de seducción seguramente habría dejado sin habla a muchas mujeres.

A su espalda hizo su aparición su cliente. Era elegante y distinguido, tanto como aquella casa. Muy distinto del típico gañán que solía recibirla en bata o en calzoncillos, y que no despertaba en ella más que un profundo desprecio y la decepción del tiempo perdido. Fue una buena decisión dejar de anunciarse en televisión y salir a la calle.

-Desnúdate. Y luego cenaremos.

La orden fue seca, concisa, la tomó por sorpresa. Él tenía que estar más cerca. Pero enseguida desconectó, a pesar de todo ya sabía qué quería él ahora, el sexo,  los billetes y... Sin pensar más en ello se deshizo de su falda y su camisa, pero se dejó puestas sus botas de estampado de leopardo y su ropa interior.


-¿Qué te ocurre? Dije que te desnudaras, maldita zorra ignorante.

Aquello acabó con la farsa, sintió su rostro ruborizado por la tensión y la furia acabó por arrastrarla como un mar embravecido. Llevaba tres años esperando aquel momento, y por fin, su aire cándido de prostituta barata, dio paso a una eficacia y la serenidad como de asesina a sueldo. Con precisión se acercó a él y lo desarmó de una patada en la entrepierna. Lo ató de pies y manos con tanta fuerza que se rompió una uña.  Con satisfacción vio miedo en sus ojos.

-¿Qué te ocurre?¿Ya te acuerdas de mi?  Jodido y asqueroso violador... ahora mismo vas a probar de tu propia medicina...

Al día siguiente, una mujer hacía una extraña llamada al servicio de urgencias, decía que había vuelto de vacaciones y encontrado a su marido "Desnudo y atado por todo el cuerpo, colgado del techo, con pinzas en los pezones y en el pene, marcas de latigazos y..."

Algunas cosas más. 

23 sept 2011

Pequeño Juego

Como este fin de semana no tengo a J. a mano para jugar, y parece que tampoco tengo inspiración, voy a proponeros una cosita a ver que sale.


Así de fácil, cuando acabéis de leer, me dejáis un comentario en esta entrada con 5 palabras, las que queráis, y yo en un par de días me curraré un relato erótico en el que tendrán que aparecer todas las palabras que hayáis dejado.

Las normas son: Sólo cinco palabras por persona (y nada de "látigo de cuero"o "azotes en los codos"   no hagáis trampas), tienen que ser palabras en español (nada de anglicismos que no estoy para traductores) y tampoco valen iniciales ni cosas así.





Venga, animaos a ver si queda algo original y divertido. ¡Y no seáis muy malos!

5 sept 2011

Cornudo y adinerado.

Él era escritor, ella abogada, y le mantenía; y es que la escritura no da para vivir. Ese día llegó a casa muy preocupado. Le habían ofrecido un contrato por un dineral, como escritor para una revista erótica de éxito.

- ¡Pero eso es fantástico mi amor! Con ese dinero podremos darnos unas buenas vacaciones este año.
- Si.. bueno... pero ya sabes que yo nunca he escrito algo así, y me han pedido dos páginas para mañana por la mañana, para ver mi estilo dicen...

Ella sonrió, con toda la calma del mundo. Y seductora, se acercó a su oido.
- Tranquilo, esta noche, te sentarás frente al ordenador, que yo voy a ser tu musa...

Horas más tarde, se sentó frente a la pantalla, dispuesto a escribir algo. A su espalda, escuchó a su chica acercarse.. excitado ante la promesa que ella le había hecho, cerró los ojos. Ella se agachó y...

"Click"

Abrió los ojos confundido. Cuando lo hizo pudo verla sentada sobre el escritorio, con una sonrisa malvada en la cara. Entonces lo sintió. ¡Lo había esposado al escritorio!

 -Pero... pero ¿y esto?- No lo entendía, su vida sexual era bastante corriente, no tenía ni idea de dónde había sacado las esposas.
- Es por tu bien amor, así no podrás distraerte del trabajo... Ahora... ¿Preparado para la sorpresa?

Su voz, su sonrisa... la anticipación, se le estaba poniendo dura por momentos... Pero volvió a confundirse cuando ella se levantó a abrir la puerta...
*
 Ella le hizo pasar, su plan había dado un resultado perfecto, él no se esperaba nada de aquello, pero sabía que saldría bien, llevaba años sin atreverse a cumplir sus fantasías pero ahora iba a tomar el mando... Un hombre alto y rubio entró en a habitación, ya conocía el plan, así que ignoró con calma las protestas del encadenado. Comenzaron a besarse y ella lo atrapó contra la alta estantería del estudio, algunos libros cayeron alrededor, pero no les importó.
*
No se podía creer lo que veían sus ojos, su novia lo había encadenado a la mesa ¡y ahora se iba a tirar a otro allí mismo! La furia le embargó, les gritó y protestó, pero le ignoraron. Estaban empezando a desnudarse, ajenos por completo a él. Cuando le soltase, lo mataría, iría a por ese tío y entonces, entonces...

Entonces lo entendió.

Élla le había prometido ser su musa... Y había creado el escenario perfecto. En ese momento, viendo a ese tío mordiendo los pechos de su chica, la furia dio paso a la excitación, y fue tan intensa que se le escapó un gemido. Ella lo miró, sólo por un momento, justo antes terminar de arrancarse la ropa y hacer que se arrodillara para que le lamiera bien el clítoris.

Empezó a escribir como un loco, los gemidos de su chica le hacían sentir escalofríos, allí estaban, encaramados a las repisas y follando como animales, casi podía sentir la polla del tío penetrándola a fondo. Ella gemía y gemía, pedía más. EL otro la tomó en brazos y la embistió contra la estantería, donde los libros no paraban de caer a cada golpe que daban. Mientras él no podía más que sentirse inútil, masturbarse y describir, contemplar y contar la escenita en su ordenador. Los celos ahora eran sólo un cosquilleo delicioso que le estaban haciendo enloquecer...

Acabó convirtiéndose en su estilo de vida, y años más tarde, cuando los periodistas le preguntaban de dónde obtenía su inspiración, sólo respondía.


-De mi musa, siempre de mi musa...

16 jul 2011

Fantasías desatinadas

Hay fantasías que son eso... fantasías, que nunca te atreverías a llevar al mundo real. Aun así, hay algunas que por ejemplo, por el cansancio del día, por el alcohol en las venas y por imaginarlas entre la vigilia y el sueño, llegan a bordar el desatino.
Esta que les cuento es una de ellas...

Mi ama y yo conocimos una pareja, con la que pronto entablamos confianza y una inesperada complicidad.
En una noche de bares, surgió el tema del sexo, y ellos demostrando su espíritu liberal no ponían reparos en contar cómo se divertían en sus juegos de cama. Debido a las similitudes no fue difícil que ambas parejas al final acabaran confesando sus respectivos roles. Curiosamente, en su pareja, él era el amo, y ella su dulce sirvienta.
El amo, alto y de buen porte, junto con mi dueña decidieron aprovecharse de la situación y darse un buen festín a nuestra costa. Un día, en nuestra casa, justo como habían planeado empezaron a besarse apasionadamente. Tras haberse desnudado ellos, nos ordenaron que lo hiciéramos nosotros, y que nos pusiéramos de rodillas al borde de la cama a contemplar la función.
La esclava, de rasgos suaves y redondos pechos llamaba mi atención, y mi Ama, a pesar de tener centrada su atención en otros menesteres lo percibió.
Mi Ama entonces me regañó diciendo que era un perro cachondo, que era todavía más bajo que la zorra de la esclava de su nuevo compañero de cama y que me pusiera a lamerle el culo a la zorra para ponerme en mi lugar...

Y así, entre sueños, acabé fantanseando que le comía el culo a la esclava que estaba besándole los pies al hombre con el que estaba disfrutando mi Ama.

Bueno... pese a todo, he leído relatos eróticos más disparatados.

29 may 2011

La llamada.

(Sonido de teléfono)

- ¿Si?
- ¿Sí? ¿Es esa acaso forma de contestar a mis llamadas?
-Lo siento mucho Ama, no sabía quien era y...
-Está bien, no importa, Quiero que vengas ahora mismo aquí y me traigas una botella de vino además.
-Ama pero...
-¿Pero?
-Es que... estaba haciendo la cena y...
-Basta de excusas, ahora mismo.
-Si ama, es que...
-Creo que no lo has entendido, me da igual que se te queme la cena si hace falta, Quiero que vengas y Quiero que lo hagas ahora mismo, todo lo demás puede esperar, tu collar te está esperando, y tu ansiosa ama también, estoy sedienta de placer y necesito tener a mi sumiso conmigo para satisfacerme. ¿Acaso vas a rechazar el deseo de una Diosa por unos macarrones? Soy una princesa, y soy caprichosa, y tú estás para satisfacer mis caprichos. ¿Me dejarás aquí, consumida en deseo para echarte en el sofá? Cuando tu Diosa te reclama, es porque sabe que lo que tienes por hacer puede esperar, porque yo nunca te reclamaría si estuvieras de verdad ocupado.
-Por supuesto que no Ama...
-Entonces te estaré esperando aquí, y cada minuto que tardes será un minuto de deseo insatisfecho, porque estoy ardiendo y Quiero tenerte aquí para aliviarme. Sabes que nos espera una noche intensa, que vas a disfrutar como nunca, que terminarás gimiendo como una perra a mis pies, y que yo terminaré satisfecha y agotada, porque esa es tu misión, satisfacerme hasta el extremo, y la mía es recordarte que ninguna excusa está por encima de mi placer.
-Mi ama...
-Dime.
- ¿El vino lo prefiere tinto o blanco?

23 may 2011

Lunes de relato

Aquel restaurante era muy intimo. Con una luz algo escasa y una música suave, era el lugar ideal para una cita romántica. Sin embargo, ella no estaba especialmente ansiosa por la cena, estaba ansiosa por lo que vendría después. Cada vez que le miraba, su deseo crecía más... Pronto, el ambiente en aquel reservado comenzaba a caldearse...

  • Uff, que hambre tengo... -Dijo antes de tomar un sorbo de su copa de vino.
  • No te preocupes, no tardarán demasiado. -Respondió el. Ella se mordió los labios seductora antes de responderle.
  • En realidad, es a ti a quien te lo comería todo.

El sonríe, se enrojece; no hay duda de que también la desea, solo hay que ver la forma en que sus ojos se desvían constantemente hacia sus pechos, apenas ocultos por el escote de su vestido y la forma en que su mano acaricia su muslo cada vez más arriba. La velada continúa, y con ella, los besos, las insinuaciones, los roces... Ambos se sienten cada vez más excitados. Ella deja caer un poco del vino por su pecho, y le pide que se lo quite. El, al principio avergonzado, accede y lame tímidamente su escote. Mientras, ella ha aprovechado para deslizar la mano a su entrepierna, donde siente una ya evidente erección.

  • No hagas eso, me estas volviendo loco...
  • Uhmm ¿Quieres que pare?- Le responde ella acariciándole con más fuerza.-¿Seguro?

Desde luego, el deseaba mucho más que eso, deseaba tumbarla sobre la mesa y penetrarla hasta quedar sin sentido, ambos lo sabían, pero el pudor les mantenía sujetos a las sillas, tentándose, insinuándose, desnudándose con la mirada. El pecho de ella subía y bajaba al ritmo de su respiración, cada vez más entrecortada... Finalmente, algo cambió cuando el camarero les trajo el postre...

  • Ya no aguanto más. -Susurró ella mientras le hacía ponerse en pie y le tumbaba sobre la mesa. El se dejo hacer, incapaz de controlarse, incapaz de resistirse. Ella le arrebató la camiseta y le desabrochó el pantalón.
  • Hoy tú vas a ser mi postre.
Tomó el helado que le habían traído y lo derramó sobre él, dispuesta a comerle por completo. Encontró su pene y comenzó a lamerlo con ansia, mezclando su sabor con el del chocolate,. Sintiendo cómo su erección crecía tanto como su propia excitación, satisfecha ahora por sus dedos, que habían encontrado su punto débil y jugaban ahora con él, volviéndola loca de deseo. Siguió disfrutando de su polla y deslizó los labios por toda ella, sintiéndola con la lengua a cada acometida. Pero pronto se cansó de aquello, y se subió también ella sobre la mesa, sobre él. Tomó el otro postre que aún les quedaba y lo derramó sobre su propio pecho, dejando que él le lamiera los senos y los pezones mientras le follaba sin poder controlarse. Se dio cuenta de que los presentes en el restaurante estaban viendo el espectáculo, pero lejos de escandalizarse, observaban, excitándose ellos también cada vez más; lo que le resultó aún más delicioso. Dejó que sus gemidos se oyeran por toda la sala, mientras le besaba y le mordía con fuerza, con todo su cuerpo temblando ante el placer que le provocaba cada golpe que recibía de sus caderas. Tomó el vino y lo derramó en su boca, bebiendo de ella y estremeciéndose, hasta que, con un escalofrío, alcanzó un orgasmo, apenas unos segundos antes que él.

  • Afuera, un matrimonio encontraba en la puerta del restaurante el cartel de “cerrado”.  

3 may 2011

Relato: El 'hotel' (II)

Con todo listo regresó a la habitación. Ella se levantó y jugueteó con su polla que seguía con la misma erección que obtuvo al verla vestida de gala.

- Uhmm, ya estás así. Qué pronto… Con todo lo que le queda por delante este fin de semana sin poderse liberar. Qué penita….- Dijo sonriendo maquiavélicamente.

Él bajó la cabeza, se colocó de rodillas y a sus pies comenzó locamente a besar su calzado. Ella, al verlo entregado, sonrió orgullosa.

- Lame puta.

- Sí, mi ama.

- Ahora, descálzame.

Él, se predispuso a descalzar a su ama. En ese instante recibió una seca bofetada.

- Sólo con la boca sumiso.

Ella se recostó en el sofá mientras su entregado sumiso intentaba una más que evidente misión imposible. Pasaban los minutos y él seguía con el ímpetu de un niño pequeño mientras su señora se mofaba de su ineptitud.

- Maldito esclavo estúpido, creo que voy a tener que… .- Y dándole un más que decente empujón en la cara se levantó y de un tirón corrió toda la cortina que cubría el ventanal que daba a la calle, dejando sus bellezas a la vista de cualquiera que pudiera pasar por allí.

- No, mi ama, por favor… haré lo que sea.

- Uhmm, ¿lo que sea? A ver si es verdad…… Arrástrate hasta aquí como una babosa.

Y él, cumplió su orden y se colocó de nuevo con la boca pegada a los pies de su ama. Ella, dominante, aprovechó para clavarle con fuerza el tacón en su trasero.

- ¿Entonces, lo que sea?

- Sí, ama. .- Y gimió. Ella apretó aún más fuerte.

- ¿Seguro?

- Sí, mi ama, sin duda.

- Así me gusta.

Y en ese momento, ella comenzó a recitar un discurso con tal soltura que parecía memorizado, con calma, saboreando cada frase y señalando cada uno de las cosas que veía a su alrededor.

- ¿Ves la tele? Pues es para mí. ¿Ves la cocina? Pues es para ti. Es tu lugar y sólo podrás entrar tú. ¿Ves la cama? Es para mí, me apetece tener espacio. ¿Ves el sofá? Ahí dormirás… si te portas bien. ¿Viste antes la piscina? Pues ahí bajaré a bañarme, mientras me haces de comer… y lo haré en topless. ¿Viste los platos, los cubiertos y las sillas? Son para mí… El suelo y mis pies para ti. … ¿Ves mis pechos? Son míos. Mi trasero es mío, mi cuerpo es mío, y tu cuerpo también es mío. ¿Tu polla? Cuanto más dura, más controlado y a mi servicio. Por tanto, como todo esto es para mí, dura se quedará. Eres mi sirviente, mi sumiso. Tu placer es mi placer y tus deseos son los que se me antojen.

Continuará….

1 may 2011

Relato: El 'hotel' (I)

Paseaban de la mano por la calle cuando algo le llamó la atención. Era un cartel de promoción de unos buenos apartamentos, y ella se paró a leerlo con especial interés.

Tras ese instante, señaló el cartel y dijo:

- Vaya, tengo el capricho.

- Sí, estaría bien ir vida.

- Estaría bien no, vamos a ir… este finde.

- ¿Este finde? ¿No íbamos a ir al concierto?

- No, ya no. Quiero irme de hotel.

- Vale…como quieras.

- ¡Encima es todo incluido!

Él, aún dubitativo, se puso a leer más detenidamente el cartel buscando donde ponía eso de todo incluido.

- No es todo incluido… Es sólo alojamiento, de hecho… es que son apartamentos.

- ¿No es todo incluido? Vaya… que pena.

- Putada… sí.

- ¿Putada? -. Sonrío pícaramente y contestó. - Yo quiero que sea todo incluido y así será. Así que ya sabes... Y llama ya y reserva, no vaya a ser que me vaya a quedar sin él.

Entonces... en ese momento... él supuso por donde iban los tiros.

Después de un resto de semana totalmente normal, ese viernes al mediodía llegaron a los lujosos apartamentos. Él hizo el pago en la luminosa recepción y subieron a la habitación.

Nada más entrar ella fue hacia un cómodo sofá que había enfrente de la televisión y se recostó plácidamente. Él por el contrario, dejó las cosas y se sentó en la cama, probando lo mullido de su colchón.

Al cabo de unos segundos ella le miró dominante.

- El todo incluido no cae del cielo.

- ¿Cómo?

- Que vayas al supermercado de enfrente y traigas todo lo del fin de semana, y luego lo guardas todo en su sitio.

- Vale cariño.

- ¿Cariño?

- Vale... ama.

- Mucho mejor. Ah, y vete y saca dinero suelto por si quiero comprarme algún capricho.

Y salió hacia la calle… con tranquilidad, pero metiendo la mano en uno de sus bolsillos con la intención de disimular la rápida erección que las últimas frases le habían provocado.

Compró todo lo necesario, además de varios caprichos que supuso que le encantarían a su amada y volvió al apartamento. Él, que se esperaba ver a su señora tal como la dejó, tranquila en el sofá, se encontró con una escena que para nada podía esperar.

Ella se encontrada de pie, en medio de la habitación, imponente, como si fuera el mismo centro del universo en aquel pequeño lugar. Tacones, medias, una lencería espectacular, corset y un discreto pero fiero maquillaje.

- Arrodíllate a mis pies y bésame los tacones sucio esclavo.- Él, ya tembloroso, se arrodilló al instante.

- Y más vale que de aquí hasta el domingo me trates como la jodida diosa que soy. Si no, saldré con esta pinta a la calle… Y no creo que en esta playa tarde mucho en encontrar a algún machote que babee por metérmela. Y ahora levántate y ordena todo lo que trajiste. Te estaré esperando en la cama.

- Sí, ama.

- Ah, y ya puedes irte desnudando. Y guarda lo que traes en la maleta. No te va a hacer falta la ropa hasta que nos vayamos.

Se desnudó en segundos y se dirigió a la pequeña cocina. Ella, le agarró fuertemente una nalga, dejando la marca visible de sus uñas....

Continuará...

20 abr 2011

Miércoles de relato

Aquel había sido un día especialmente frustrante. Afortunadamente sabía que en su casa tenía la forma perfecta de desestresarse. Abrió la puerta y se dirigió directa a la habitación, sabiendo que iba a encontrarle allí, desnudo y tumbado en la cama, tal como le dejó. Todo era parte del juego, sabía que él la había estado esperando impaciente, y el simple hecho de saberlo le resultaba delicioso. Todo en el juego estaba pactado de antemano, y ella sabía que bastaba una palabra suya para detenerlo todo, pero no le preocupaba. Le despertó con una suave nalgada, y soltó el bolso y todo lo que traía en los brazos. El se desperezó y sonrió dulcemente.

Ama, llegaste...
Llegué. Vamos, a la ducha.

Inmediatamente, él se levantó obediente y se dirigió al baño a calentar el agua. Le observó hacerlo, le deleitaba mirarle cuando estaba desnudo, y era por esto que le hacía estarlo prácticamente a todas horas. Era parte del juego, tan natural ya entre ellos como el hecho de vivir juntos. En casa, ella siempre se sentía confiada, segura, y sabía que él la adoraba por encima de todas las cosas. Se dirigió al baño y se le acercó. El estaba de espaldas a ella, así que le sujetó por la barbilla y se acercó a su oído.

-Estas de suerte, hoy tengo muy mal dia... Ahora, desnúdame.
El, excitado ante sus palabras, comenzó a tirar de su camisa, pero su impaciencia hizo que tratara de hacerlo sin desabrochar primero los botones, cosa que, por supuesto ella no debía permitir. Le sujetó las manos y le impulsó contra la pared del lavabo, implacable.

¿Te regalo el honor de desnudarme y asi es como te comportas?
No, yo..
¡Calla!

Le escupió, justo antes de meterle en la ducha. El se sentó allí, sin dejar de mirarla. A esas alturas su erección ya era evidente, y no era el único que se estaba poniendo a cien. La sensación de poder que le proporcionaba dominar a su chico era más excitante que cualquier otro afrodisiaco en el mundo. Se desnudó y entró tambien a la ducha. Colocando un pie sobre su hombro y mirándole, controlando la situación. Sin mediar más palabra, y mientras el agua caliente cubría sus cuerpos, empezo a orinar, dejando que el líquido cayera sobre él. Esa era su seña, su marca, y él la recibía gozoso, besando y acariciando sus piernas y sus pies. Cuando terminó, le pidió que se levantara y la enjabonara, como cada día. Él lo hacía, y lo debía hacer con mimo y cuidado. En todo momento la trataba como a una reina. Para ella, no había objeto más codiciado que él, era su esclavo, su juguete, su sirviente y su amante. Ella velaba por él, le protegía, y le cuidaba. Cada uno se sentía cómodo en su función y cada cosa funcionaba de acuerdo a sus deseos. Excitada por el roce del agua, el jabón y el cuerpo de él, le hizo arrodillarse y pasó su cabeza por entre sus piernas. El empezó a mover la lengua y los labios con una maestria que la volvía loca. Sentía cómo la lamía por todas partes, clitoris, vagina, ano, vulva... Le bastaron unos pocos minutos para llevarla hasta el climax, y aún así, siguió trabajando hasta que la llevó de nuevo a la cima del placer. Tuvo que obligarle a parar cuando sintió que ya no podía mas, y le acarició suavemente, agradecida. Después, salieron de la ducha y él la secó y le cepilló con mimo el cabello. A pesar de la gloria de la ducha, ella seguía con ganas de más.

-Sécate y esperame aquí. Aún no he acabado contigo hoy.

Cuando regresó, llevaba puesta su mejor lencería, tacones altos y llevaba en sus manos unas esposas y una pequeña correa. Le ató y se lo llevó hasta el salón, donde le obligó a arrodillarse mientras ella tomaba un libro y se tumbaba en el sofá. Allí le exigió que le lamiera los pies durante el tiempo que durara su lectura. Ella sabía lo excitante que a él le resultaba aquello, y era precisamente aquello lo que la llevaba a disfrutarlo enormemente. Pero al cabo de un rato, decidió que se había aburrido de aquello...

Levántate y ve a vestirte.- Dijo mientras le quitaba las esposas. -Te toca hacer un recado.

El obediente marchó a hacerlo, sin embargo, cuando volvió, ella le abofeteó, antes de obligarle a arrodillarse.

-¿Se puede saber porqué lo has hecho?

-Sólo cumplo sus órdenes ama... (sus palabras se vieron interrumpidas por otra bofetada)
¿Ah si? Entonces... (su voz descendió hasta un susurro) ¿Dónde está tu correa? ¿Acaso te permití que te la quitaras?

El contuvo una exclamación, sorprendido. Era cierto que ella no lo había mencionado. Inmediatamente, suplicó su perdón.

Ni siquiera los perros se quitan la correa solos... Quiero que me demuestres ese arrepentimiento que dices tener, y vas a hacerlo lamiendo ahora mismo mi culo, ¡vamos!

El comenzó a hacerlo con ansias. Ella sentía estremecida cómo la recorría con su lengua, sin ningún pudor, enseguida estaba totalmente cachonda, empapada, sintiendo una y otra vez su húmeda lengua recorriendo su ano, penetrándola, humedeciéndola. Era maravilloso. 



Se separó de él y, sujetando una mano contra su boca,sin permitirle ni la más mínima protesta, empezó a masturbarle con fuerza. Controlando su miembro y sintiendo cómo crecía su excitación. Cuando le creyó al borde del orgasmo, le tumbó en el sofá y decidida, se sentó sobre su cara, casi asfixiándole, y obligándole al mismo tiempo a lamerla completamente. Ella entre gemidos giraba sus caderas para obligarle a alternar entre su coño y el ano, y se dejó llevar por el enorme placer que le hacía sentir. Se deleitaba apretando su cuerpo contra sus labios, su lengua sus dientes... Sintió un primer orgasmo, y sin embargo, se movió con rapidez hacia el miembro de él, follándole con todas las ganas hasta sentirse, de nuevo en la cima del placer.

1 abr 2011

Viernes de relato.

Los viernes son unos días fantásticos, termina la semana. Son días de relax y de planear el fin de semana. De llegar agotada y sentarse a disfrutar de tu pareja. Hoy os regalo uno de esos pequeños relatos que de vez en cuando Sumiso se encuentra en su e-mail. De hecho, éste es, hasta el momento, mi favorito de entre los que he escrito. No se porqué. Disfrutadlo.


PD: Tratamos de que este sea un blog de entradas breves, de lectura rápida y cómoda, pero un relato dura lo que debe durar.
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-Vamos, recítamela.
- Mi ama...
- No me repliques, recítala, claro y despacito, que te oiga bien.

Él la recitó, era una lista con casi 20 puntos. La lista que daba forma y sentido a la especial relación que compartían ambos, una lista en la que se definía que ella ostentaba todo el poder y la autoridad de la relación, mientras que él se sometía a sus órdenes y mandato. Uno de esos puntos, le obligaba a memorizar dicha lista y a recitarla cuando ella lo solicitara. Ella cerró los ojos, paladeando cada palabra. Disfrutando del poder de tenerle frente a ella, arrodillado, con la mirada baja, y describiendo de cuantas formas quedaba su persona al mando de su grandísima Diosa, su Ama, su Señora. No cometió ni un solo error, no se olvidó de una sola palabra. Ella estaba gozosa, disfrutando. Sintió deseos de poseerlo en ese mismo instante, pero se contuvo, la noche acababa de empezar.

- Perfecto, hasta la última coma. Bien hecho sumiso...
-Muchas gracias mi ama, siempre a sus pies ama.

Ella le atrajo, mientras le pasaba las afiladas uñas por su espalda, causando un delicioso estremecimiento en su piel le susurró con voz seductora.

-Ahora vas a ponerte bien guapo y vamos a salir, quiero que me invites a cenar, pero yo voy a elegir qué tomarás.
-Sí mi ama.

Se acercó a su armario y escogió para él unos vaqueros elegantes, una chaqueta de piel y una camisa negra, su favorita, quería que su esclavo estuviese especialmente sexy esa noche.

-Ponte esto, con los zapatos nuevos. Y arréglate bien.

Mientras él iba a planchar su ropa, ella se enfundó en un sexy vestido rojo y negro, que dejaba bien a la vista su escote, y se calzó unos altos tacones. Bajo él, llevaba un atrevido conjunto de lencería y unas medias negras. Preparada para matar. Cuando él volvió a la habitación, inmediatamente y por su propia voluntad dejó la ropa sobre la cama, se arrodilló a sus pies y la besó en los zapatos.

- Mi Señora. Está usted preciosa, bellísima.
-Pues espera a que termine de arreglarme... Vamos, sigue con lo tuyo.

Él se levantó y comenzó a vestirse, pero inmediatamente ella le sujetó con fuerza por la barbilla.

-Te he dado una orden. ¿Qué debías responder?
- Si mi ama, lo siento mucho mi ama.

Ella le dió una suave bofetada, pero sonrió divertida.
-Mejor.

Le soltó. Se soltó el pelo, se arregló los rizos y se puso un discreto pero correcto maquillaje. Para cuando ella había acabado él ya la estaba esperando.

-Aquí tengo su abrigo mi señora.

Ella le besó.

Fueron al restaurante. Cenaron, cuando llegó el camarero, ella pidió con naturalidad, con soltura, de forma totalmente casual la comida de los dos, aunque él no supo qué iba a tomar hasta que ella lo dijo. Nadie en el restaurante podía notarlo, pero el que ella hubiera decidido por él había creado inmediatamente un autentico clima de tensión sexual en esa mesa. Tomaron el vino, cenaron, rieron. Disfrutaban mucho juntos, se amaban con una locura desenfrenada, y nadie conocía los secretos que se ocultaban en su dormitorio.

Él pagó la cuenta de ambos. Hacía ya tiempo que habían incluido en su lista apartados que especificaban el control que ella tenía sobre su dinero. Volvieron juntos a casa, tomados de la mano, charlando de temas variados, se besaron con cariño varias veces. Estaban excitados por el vino y la cena. Y al abrir la puerta de casa, se desató la pasión.

Ella le besó, con fuerza, sujetándole del pelo. Le obligó a arrodillarse y cuando él hizo un amago de tocarle el trasero le dio una cachetada. Suave pero enérgica, como siempre, pues no eran para causar dolor sino para reforzar su autoridad como ama y dueña de su esclavo. Subió un tacón hasta su pecho, y empujó con firmeza hasta que él estuvo tumbado sobre el suelo. Se situó sobre él, con ambos tacones a los lados de su cabeza, de forma que él podía ver perfectamente bajo su vestido. Ella estaba pletórica, triunfante, se sentía la dueña del mundo y cada vez estaba más caliente...

-¿Sabes quien eres?
-Soy tu sumiso señora, tu humilde esclavo y siervo y sólo vivo para adorarte.

Ella deslizó el tacón por su pecho, bajando hasta tenerlo firmemente apoyado en su entrepierna.

-Eso es, soy una diosa y tu eres mi siervo, y esta noche, quiero que me honres.
-Todo lo que mi señora desee.

Se sentó sobre la cama y le ordenó que la descalzara, una vez tuvo descalzo el primer pie, trató de impedir que pudiera quitarle el otro golpeando con el pie enfundado en la media en su cara, dejando claro quien era la dómina en aquel juego. El le besó los pies ya descalzos. Ella se bajó las medias para permitir que pudiera acariciar y besar sus pies desnudos que él adoraba tanto. Ella le apartó, se acercó hasta el cajón y extrajo de él un pequeño collar con correa. Se lo colocó, el estaba ya muy excitado y parecía que la cremallera de sus vaqueros iba a estallarle.

- Quiero a mi esclavo desnudo. Ahora.

-El se desnudó rápidamente. Se arródilló y la miró a los ojos. Se llevó un bofetón.

-¡Baja la vista, siervo!

El obedeció, ella gozaba viendo su obediencia. Aquella obediencia que le resultaba tan natural, ¿Cómo no iba a dársela? Ella era su ama, estaban allí para eso. Pasó las uñas por su pelo y le apretó la cabeza contra su ingle, él pudo oler, a través de la ropa la excitación de ella, lo que aún le puso más cachondo. Ella tiró de la correa y le hizo ponerse de pie, con la mirada suya aún hacia el suelo, ella le rodeó, y le mordisqueó en el cuello.

-Vas a tener el privilegio de gozar con tu ama. ¿Estas contento?
-Su placer es mi placer ama, solo el suyo importa.

- Le tumbó sobre la cama. Se despojó del vestido y de la ropa interior. Después se sentó sobre el rostro de él, de forma que sus labios y su lengua rozaban el ano de ella. Él sabía lo que ella quería y se perdió en aquel glorioso agujero. Ella disfrutó enormemente de sus labios y su lengua explorando su culito. Sus pies rozaban su pene, aumentando hasta el infinito el placer de él. Cuando ella se cansó, se levantó y se puso de pie, apoyando uno de sus pies sobre su mejilla. Ejerciendo presión contra la cama. Se inclinó sobre él.

-¿Te ha gustado?
-Su culito es mi cielo ama, nada deseo más.

Ella sonrió, se dejó caer de nuevo, con sus rodillas a los lados de la cara de él. Permitiéndole ver con todo lujo de detalles su húmeda entrepierna.

¿Estás seguro, sumiso?