5 abr. 2011

Átame y hazme tuyo...

Los estudiantes no gastan un duro y los sex-shops son caros.  Unos más y otros menos. Pero allá donde no hay acude rauda la imaginación a salvarte. Y ahí estás, lo tienes frente a ti, y necesitas una forma de mantenerlo sujeto. A tu mente acuden imágenes de bondage. Preciosas, elaboradas,  fotos y fotos que has visto por ahí. Pero de donde no hay, no se puede sacar. Pensativa, miras a tu alrededor, te echas la mano al cuello y... ¡Voilà!


Tengo muchísimos pañuelos. De todos los colores.  Me encantan. Quedan bien y son elegantes. Y tienen una fantástica ventaja... Venda, mordaza, esposas... Con un poco de habilidad, sirven para todo. Por supuesto que si pudieras gastarías un poco de dinero en algo más elaborado, pero cumplen de sobra su función. Al ser de telas suaves, miman mucho la piel; al ser piezas largas, puedes trabajar con soltura y son difíciles de desatar...


Dilema resuelto, le tomas, le atas. Una breve orden. ¡Desátate! Si lo consigue, rehaces los nudos. Si no... Es tan divertido que lo intente...

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