Y es que entre ellos todo tenía otro nombre, otro significado. Le miró de reojo mientras él, en la cocina, desnudo y con su cinturón de
castidad puesto, le preparaba su postre de miel e
higos favorito. El día anterior había tenido que comerse la horrible
paella de su suegra, así que hoy se desquitaría a gusto.
-Estás tardando más de la cuenta Mary Poppins, llévamelo a la
piscina y no olvides el vino.
Le vió sonrojarse, lleno de
verguenza, y todo porque en su día, hace ya cuatro años, cuando le pidió que escogiera su palabra de seguridad no se le ocurrió decir sino "
Supercalifragilísticoespialidoso" Le encantaba burlarse de él a todas horas por ello. Se lanzó a la piscina, tenían suerte de tener aquella terraza con vistas a unas
montañas repletas de
bosque, porque no habían vecinos cercanos y tenían toda la privacidad del mundo. Ni siquiera unas
murallas de granito les darían más intimidad. A veces le dejaba allí fuera desnudo por las noches, cuando quería la cama para ella sola.
Al momento él llegó con el postre y se arrodilló en el borde de la piscina, para que ella pudiera servirse.
-Muy bien Mary.
Le toqueteó un poco el cinturón para comprobar que lo llevaba bien puesto. El gimió, llevaba varios días sin correrse y el menor roce le excitaba
-Mira que cosita más encogida e
insignificante. No podéis ni compararos con la belleza de una mujer
-Es cierto, pero es toda suya Dueña, puede hacer lo que quiera
-Lo que quiera ¿eh?
Salió de la piscina y, desabrochando su biquini, lo utilizó para atarle por las muñecas. Tenían unas esposas, pero ella prefería atarle con lo que tuviera a mano. Lo miró a los ojos (eran azules como el
mar, su mejor cualidad con diferencia) y le dió una suave bofetada, sólo un preámbulo.
-Tengo un regalo fantástico por tu
cumpleaños, y vamos a estrenarlo aquí mismo.

Fue a buscarlo. Era un bonito látigo, con el mango tallado en madera de
olivo. Hoy se sentía especialmente
despiadada nada le fascinaba más que tener a Mary a mano para ello. Sin más preámbulos le hizo arrodillarse allí mismo, junto a la piscina y comenzó a azotarle. Cuando compartían esos momentos, ella se ponía a cien, se sentía
volar, como si fuera un
pájaro, un halcón, que vuela sobre los
desiertos, y cuando alcanzaba a su presa, se ensañaba con ella. El gemía, excitado, pero ella era capaz de llegar al orgasmo sólo con eso. Soltó por un momento el látigo y, cogiendo su paquete de
tabaco se dio un descanso.
Mary se acercó a ella y se lanzó a lamerle los pies como loco, desenfrenado.
-Dame más por favor, necesito más. No puedes parar ahora...
Ella enfadada apagó su cigarrillo en su trasero, él gritó, así que de una patada lo lanzó a la piscina.
-Cállate furcia, que te crees que eres
Batman y no llegas ni a Robin.
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Saludos a treinta, el navegante, spirit y net, el resto próximamente en otro relato ;)